Testimonios de accidentes en viajes

by Ale Werner

Antes de viajar a todos nos ha saltado la duda… ¿Es realmente necesario pagar por un seguro de viajes? La verdad es que sí. Aunque podemos darte mil razones para que tomes el peso de su importancia; creemos que los testimonios de accidentes en viajes son algo que nos ayuda a entender realmente las consecuencias de no tenerlo. Por eso hemos pedido a otros blogueros amigos que nos cuenten historias de cuando han tenido que usarlo. Recuerda que si quieres saber más de esto, puedes entrar a nuestro post que explica los seguros y cómo elegir el más adecuado para ti aquí.

Cami Figueroa – Esguince de tobillo en México

Blog: Tras las huellas del mundo

Como siempre me voy de viaje fuera del país por más de 20 días, siempre tengo que considerar el seguro de viaje aunque en muchos destinos no es obligatorio. ¿La razón? Cualquier cosa puede pasar. Pero no cumplí mi propia regla cuando me fui por 5 meses a México y, tres días antes de mi vuelo de retorno a Chile. Tuve un severo esguince en el tobillo por el cual me tuvieron que poner yeso y dar una orden médica para el traumatólogo que me evaluara en Chile. Afortunadamente mi Isapre chilena tenía un seguro internacional que me cubría todo; de eso me percaté justo después de pagar mi cuenta en el hospital mexicano. Menos mal la Isapre me retornó todo el dinero.

Mi aprendizaje de todo esto es que, más allá que siempre debo comprar un seguro al viajar, hay que averiguar lo que uno tiene. Sin antes yo saber, mi Isapre chilena sí poseía un seguro internacional de salud y, además, mi tarjeta de crédito tiene uno básico que otorga algo de ayuda. Si no fuera por mi súper caída y ese esguince que me tuvo con mi pierna izquierda inmovilizada por dos semanas y trasladándome en silla de ruedas tanto en el aeropuerto de Ciudad de México como en Santiago de Chile, no me hubiese enterado de los beneficios que ya tenía desde hace años y que por primera vez utilicé en 2016.

Puedes leer la historia completa en este enlace. 

Fran Norero: Intoxicación y alergia a los mosquitos.

Blog: Pasaporte sin Destino.

En 20 años como viajera he tenido que usar 2 veces mi seguro de viaje. La primera en Cusco, venía llegando de un viaje a Europa donde tomaba agua de las fuentes en las calles de la ciudad y olvidé que ya estaba en Sudamérica. Me aventuré a comer el clásico maíz que venden en la calle con un trozo de queso… ¿el resultado? 40 grados de fiebre, vómitos y la temida diarrea del viajero; visité Machu Picchu al borde del delirio. El seguro actuó rápido y ya de vuelta en el hotel llegó un médico que me llevó todos los medicamentos y me sacó de esa horrible experiencia sin desembolsar un peso.

La segunda fue en Jamaica. Consciente de lo apetitosa que soy para los mosquitos, antes de salir a cenar me puse repelente en todas partes menos sobre el pantalón. Como resultado más de 30 picaduras en las piernas y una reacción alérgica violenta que necesitó atención médica inmediata. Días más tarde me enteré que esa atención costó más de USD 1000, que si hubiera tenido que pagar de mi bolsillo seguro hubieran arruinado mis vacaciones. Elaboré una guía para ayudar a los viajeros a definir qué tipo de seguro necesitan que puedes leer aquí.

Ale Werner – Cálculo renal en Australia

Blog: Universo Viajero

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Siempre he sido buena para enfermarme y me suelen pasar las cosas más insólitas. Con 8 hospitalizaciones (4 por cirugías varias) e infinitas visitas a doctores de todas las especialidades en mi vida; siempre supe que necesitaba el mejor seguro de viajes del mercado si iba a viajar por un año. Y así fue. Contraté un seguro que cubría literalmente cualquier cosa que me pasara. Lo único que no era si escalaba el Everest o hacía una expedición en la Antártida. En un año viajando tuve:

  • 5 visitas a médicos por amigdalitis y sinusitis
  • Una visita a dermatólogo por reacción alérgica en la piel
  • 3 visitas a quiropráctico y traumatólogo por fuertes dolores de espalda (que resultó ser bursitis)
  • Una hospitalización para asegurarnos de que no tenía una enfermedad de descompresión por buceo (que gracias al universo no fue)
  • Un cálculo renal

De este último les quiero contar:

testimonios accidentes en viaje

Me encontraba feliz de la vida en la costa este de Australia (ciudad de Ballina), preparándonos para un día de playa y surf, cuando empezaron los dolores. No es la primera vez que me pasaba, por lo que la reacción de pedir ayuda a mi novio fue inmediata… “Jona, llévame al hospital más cercano ahora ya y rápido, tengo un cálculo”. No sé si les ha pasado, pero un cálculo es algo que, si es de un tamaño considerable, puede ocasionar dolores similares o más fuertes a las contracciones. Acá la necesidad de calmantes e hidratación puede ser crítica… y estando en Australia la atención médica más mínima puede costar cientos de dólares. 

En total fueron 11 horas de agonía en urgencias, 2 radiografías y una cuenta de más de 700 dólares (¡y eso que era atención pública!). Si hubiese sido 1 hora más implicaba hospitalización obligatoria, y ahí si que hubiese sido terrible. Pero… ¡gracias a mi seguro de viajes no tuve que pagar nada! Al otro día ya estaba perfecto, pero si hubiese tenido que desembolsar yo el dinero seguramente no hubiese estado tan feliz.

Nico Etchart: Caída en moto en Vietnam

Blog: Viajando Lento

Siempre supe que tenía que viajar con seguro, porque uno nunca sabe lo que puede pasar. Pero nunca imaginé que lo usaría de esta forma: me caí en moto en Vietnam. Muchos dicen que si vas a Vietnam y no te caes de la moto, es como no haber ido. Lo mismo que comer pizza en Italia o andar el globo en Turquía: si no lo haces, no fuiste.

Estaba en Ho Chi Minh City. Mi amiga Sam, una vietnamita de 25 años, manejaba su moto y yo iba atrás, de copiloto. Vale decir que allá aprenden a manejar motos después de aprender a caminar y entonces yo confiaba completamente en ella. Íbamos a comprar souvenirs y se puso a llover. En la ruta, la moto que iba adelante hizo una mala maniobra y nosotras, por no chocarla, la esquivamos. Nuestra moto se resbaló con el pavimento mojado y nos caímos.

Yo sentí que caía en cámara lenta, como en las películas, lo juro. En ese milisegundo miré atrás y venía un taxi. Alcancé a pensar que ahí me moría atropellada, pero no pasó nada. El taxi debió haber volado por encima de nosotras porque nunca más supe de él. Al segundo llegaron personas a ayudarnos, pero como se veía que no había sido nada grave, entonces nos dejaron solas.  Pasamos a comer un Banh Mi (jajaj, todas mojadas y sangrando, no sé por qué hicimos eso) y después nos fuimos a la casa de la abuelita de Sam para curar nuestras heridas. Sólo habíamos quedado con algunas rasmilladuras y moretones en las piernas.

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Sin embargo, al día siguiente, desperté con un dolor grande en la mano izquierda. Llamé al seguro y les conté la historia. Como todavía no pasaban 24 horas después del accidente, me dieron las indicaciones y me mandaron a una de las mejores clínicas de la ciudad (mis amigas locales que me acompañaron estaban sorprendidísimas por lo caro de los servicios). Me atendieron sin preguntarme mucho (pero con un inglés bien decente) y me sacaron radiografías. No tenía nada, por suerte, pero igual me pusieron un inmovilizador en el brazo y me indicaron que debía usarlo por tres semanas al menos. Todo gratis, por supuesto. Incluso más tarde podía recuperar el dinero que gasté en taxis y llamados.

Si bien no fue la gran cosa, el contar con esta ayuda me sirvió y me tranquilizó demasiado. Cuando estás viajando pero hay alguien detrás del teléfono que te indica exactamente lo que tienes que hacer, a dónde ir, o a quién acudir, todo es más fácil. Y sobre todo en un país donde no manejas el idioma y estás tan lejos de tu familia.

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